En 1535 sufría Tomás Moro su pasión, voluntariamente aceptada. En 1886 era beatificado, y en 1935 canonizado. Está propuesto, por lo tanto, como un ejemplo. Ejemplo siempre vigente de hombre dedicado a servir generosamente a su patria. Que nos sirva, pues, su recuerdo, y que le llegue nuestro homenaje. Y que su testimonio, alegre y viril, humilde y señorial, en medio de una riesgosa y prominente actividad política, le hable a nuestro mundo tan necesitado de buenos jefes y paradigmas. Que el señorío de Tomás Moro, buen servidor del Rey pero primero de Dios, inspire a muchos a servir...